En 2017 se publicó la nueva clasificación operacional de las crisis epilépticas por parte de la Comisión de Clasificación y Terminología de la Liga Internacional Contra la Epilepsia (ILAE) (Scheffer et al. Epilepsia 2017; 58:512-521). Se trata de la primera clasificación oficial de crisis epilépticas después de la clasificación de crisis de la ILAE de 1981.

 

Tras aplicar la nueva clasificación y terminología durante el último año, se puede realizar un análisis crítico de la misma. El primer cambio que llama la atención con respecto a la clasificación previa es el abandono de los términos “parcial” y “complejo”. Se dividen las crisis según su inicio en focales, generalizadas, de inicio desconocido e inclasificables. En nuestra opinión, el término “focal” puede implicar tanto para el paciente como para el médico la existencia de un solo foco epiléptico, lo que pudiera implicar la posibilidad de una resección quirúrgica. En cambio, el término “parcial” define a las crisis se originan en una “parte” del cerebro sin implicar la existencia de un solo foco. La clasificación de 1981 tenía la ventaja de permitir el uso de ambos términos, parcial y focal.

 

La nueva clasificación divide las crisis focales en dos tipos: con y sin afectación de la consciencia o del nivel de consciencia. El cambio de los términos “complejo” y “simple” por los, sin duda más precisos, “con afectación del nivel de consciencia” y “sin afectación del nivel de consciencia”, ofrece pocas ventaja al estar ya ampliamente establecidos los términos “compleja” y “simple” tras más de 35 años de uso. Por otra parte, la traducción al Español de la palabra “aware” no es fácil, siendo la traducción más adecuada “consciente de”. La traduccique se consideran los espasmos focales o generalizados y desconocidas.caciones reciparecen indicar esto.e conoce si existen varión literal de “focal aware seizure” sería “crisis focal consciente”.

 

La clasificación de crisis continúa con la descripción de signos y síntomas críticos tanto de las crisis focales como de las generalizadas y desconocidas. Esto puede ofrecer la ventaja, en el caso de las crisis focales, de no requerir información sobre la región o lóbulo donde se inician las crisis aunque no hay duda de que la clasificación de las crisis por lóbulos resulta útil para realizar un diagnóstico clínico que puede ayudar a localizar la zona epileptógena y a elegir el tratamiento más adecuado. La clasificación de las crisis parciales o focales según el lóbulo tampoco se incluía en la clasificación de 1981 pero sí se incluía en la clasificación de epilepsias de 1989 y ha sido ampliamente utilizada. En la actualidad no consta en ninguna de las dos clasificaciones recién aprobadas en 2017 (de crisis y de epilepsias).

 

Otro cambio significativo es la sustitución de la conocida como “crisis parcial secundariamente generalizada” por “crisis focal que evoluciona a bilateral tónico-clónica” cambio que aporta pocas ventajas al no permitir dividir las crisis generalizadas tónico-clónicas en primarias y secundarias.

 

En la nueva clasificación, las crisis atónicas, míoclónicas, tónicas, o los espasmos pueden ser focales, mientras que en la antigua clasificación, las crisis tónicas, atónicas y míoclónicas se consideraban solamente generalizadas. La posibilidad de clasificar los espasmos en focales o generalizados resulta sin duda útil, aunque surge la duda de si existen las crisis mioclónicas, tónicas o atónicas focales propiamente dichas. Otra ventaja de la nueva clasificación es que las crisis de inicio desconocido pueden ser clasificadas. Se incluyen nuevos tipos de crisis como las ausencias con mioclonías palpebrales, las ausencias mioclónicas, las crisis mioclónico-tónico-clónicas, las crisis mioclónico-atónicas y los espasmos epilépticos, antes considerados un síndrome (“espasmos infantiles”).

 

En nuestra opinión, la nueva clasificación de crisis, especialmente en la sección de crisis focales, se concentra excesivamente en la descripción de los síntomas de inicio y no en la fisiopatología crítica de la epilepsia o en el origen regional de las crisis, lo cual dificulta realizar un diagnóstico localizador e instaurar un tratamiento específico.

 

Es dudoso que la nueva clasificación haya mejorado la facilidad para clasificar las crisis y para comunicarnos en la práctica clínica ya que obliga a cambiar la denominación de muchos términos ya establecidos en el mundo epileptológico. Las ventajas son que las crisis de inicio desconocido aún pueden ser clasificadas, que se consideran los espasmos focales o generalizados y que se incluyen nuevos tipos de crisis.

 

De: Scheffer et al. Epilepsia 2017; 58:512-521.