El contaje de la frecuencia de crisis es la base del manejo de la epilepsia en la práctica clínica diaria. Habitualmente los médicos se basan en el recuento de crisis para modificar tratamientos así como para evaluar su eficacia en ensayos clínicos. La práctica habitual es el registro mediante diarios escritos a mano.

A pesar del importante desarrollo de la tecnología médica, no existe ningún sistema fiable para contar crisis durante periodos prolongados de tiempo. Para periodos de varios días el “gold standard” sigue siendo la monitorización vídeo-EEG intensiva, pero esta técnica requiere el ingreso en una unidad especializada. El uso de teléfonos móviles y dispositivos externos puede dar lugar a diarios más precisos ya que pueden utilizarse para validar la una alarma de forma manual o para detectar crisis de forma automática.

Existen diversos parámetros que se pueden medir para detectar crisis fuera del hospital: los movimientos, el sonido, el ritmo cardiaco, la conductancia de la piel y la actividad muscular. A pesar de que la tecnología es prometedora, la detección de crisis en ausencia del electroencefalograma sigue siendo un reto y un problema no resuelto ya que las crisis son muy variables en cada pacientes e incluso en un mismo paciente.

Los dispositivos actuales pueden ser útiles para detectar crisis generalizadas tonico-clónicas pero la mayoría de los pacientes no presentan este tipo de crisis como tipo predominante. La detección de otros tipos de crisis con actividad motora poco prominente no se ha demostrado de manera convincente. Es necesario validar falsos positivos y falsos negativos en diferentes tipos de crisis para mejorar este tipo de tecnología ya que los dispositivos actuales registran un número inaceptable de falsos positivos y no detectan eventos con escasa sintomatología.

Las investigaciones de los últimos 10 años sugieren que será necesario personalizar los protocolos y algoritmos de detección de crisis para adaptarlos a cada paciente o tipo de pacientes, que no habrá un dispositivo único útil para todos y que el dispositivo será sólo el instrumento siendo necesario contar con alguien que “lo toque”.

 

Dr. José María Serratosa Fernández
Jefe del Servicio de Neurología y de la Unidad de Epilepsia, Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz, Madrid. Director del Laboratorio de Neurología del Instituto de Investigaciones Sanitarias, Fundación Jiménez Díaz, Madrid. Jefe de Grupo del Centro de Investigación en Red de Enfermedades Raras (CIBERER) y Profesor Asociado, Departamento de Medicina, Universidad Autónoma de Madrid.

En 1995 creó la Unidad de Epilepsia de la Fundación Jiménez Díaz donde sigue desarrollando su actividad clínica, docente e investigadora dirigiendo el Laboratorio de Genética de las Epilepsias. Sus principales intereses de investigación incluyen la genética clínica y molecular de las epilepsias, el estudio funcional de las mutaciones genéticas en las epilepsias, el tratamiento quirúrgico de las epilepsias y la respuesta a fármacos antiepilépticos.

Ha publicado más de 100 artículos, libros y capítulos de libros sobre diversos aspectos de las epilepsias, fundamentalmente en el campo de la genética, de los fármacos antiepilépticos y de la cirugía de la epilepsia.

Es miembro del comité editorial de Epileptic Disorders y Seizure y anteriormente de Epilepsy Research. Ha sido Associate Editor de la revista Epilepsia y miembro de la Comisión de Genética de la Liga Internacional Contra la Epilepsia (ILAE). Ha recibido el Premio Científico de Epilepsia de la Sociedad Española de Neurología y es socio fundador y presidente de la Sociedad Española de Epilepsia.