El sueño es un proceso fisiológico activo y dinámico que tiene un impacto crítico en muchos aspectos relacionados con el estado general de salud, el funcionamiento cognitivo-conductual diurno y el neurodesarrollo.

La deficiencia de sueño secundaria a una reducción del tiempo total; fragmentación del mismo (despertares breves) o trastornos del ritmo circadiano; puede producir cambios cuantitativos tanto en el rendimiento cognitivo y atencional como en el funcionamiento conductual y, también, en regulación emocional. Estos efectos son particularmente evidentes en niños y pueden tener consecuencias irreversibles en el desarrollo cerebral.

Los problemas del sueño en la infancia son generalizados y altamente prevalentes. Hasta un 30% de los niños de cualquier edad los sufren, y sin embargo están infradiagnosticados. Solo el 15% consulta por este motivo y hasta el 40% de los padres de estos niños no los perciben.

Estás cifran son aun más dramáticas en niños con trastornos del neurodesarrollo, concretamente en Trastornos del Espectro Autista (TEA). En este grupo, la prevalencia de  trastornos del sueño ronda el 80%. Además son más graves, más incapacitantes y tienen menos probabilidad de remitir con la edad, con el consecuente impacto negativo en la calidad de vida de estos niños y sus familias.

Cada vez disponemos de más evidencia sobre la importancia del sueño en el desarrollo cognitivo conductual de los niños con trastornos del espectro autista (TEA), donde los problemas del sueño y la sintomatología nuclear del trastorno (interés comunicativo, intereses restringidos, conductas estereotipadas, impulsividad, agresividad…etc), parecen tener una relación bidireccional. Cuanto más grave sea el TEA mayor riesgo de trastornos del sueño y viceversa.

Aunque pueden ser muy variados, incluyendo dificultades para iniciar o mantener el sueño, trastornos del ritmo circadiano, apneas obstructivas, convulsiones relacionadas con el sueño o trastornos del movimiento y/o somnolencia diurna excesiva, la consecuencia final de todos ellos es un empeoramiento de la sintomatología y un deterioro en la calidad de vida global. Por tanto, es de gran importancia su diagnóstico y tratamiento precoz.

Debemos sospecharlos en todos aquellos tea cuya sintomatología diurna sea refractaria al tratamiento, e incluir en la entrevista clínica preguntas dirigidas.

Resulta útil en consulta el acrónimo BEARS como despistaje: (B=Bedtime Issues, E= Excessive daytime sleepiness, A= Night awakenings, R = Regularity and duration of sleep, S = Sleep disordered breathing [or Snoring]), las agendas de sueño y escalas autorellenables para orientar el diagnóstico y el mejor tratamiento.

Aunque la actigrafía puede darnos mucha información junto con todo lo revisado anteriormente, la Polisomnografía sigue siendo el gold standard para el diagnóstico final.

Una vez diagnosticado, debemos tratarlo siempre.

El tratamiento de los trastornos de sueño de niños con patología neurológica deben seguir las recomendaciones habituales del insomnio infantil y ser escalonado.

  1. Diagnóstico etiológico
  2. Higiene de sueño: fundamental. Es quizá la parte más importante y la que con mayor frecuencia se deja de hacer.
  3. Tratamiento psicológico, incluyendo escuela de padres.
  4. Tratamiento farmacológico: debido a que la neurobiología de los trastornos del sueño en los tea se ha relacionado principalmente con:
  5. Melatonina: Menor producción (Genes CLOCK relacionados con síntesis de melatonina) y secreción retrasada. Los niveles bajos de melatonina se relacionan con más síntomas TEA.
  6. Serotonina: aumento de serotonina (25%) en niños TEA. Se ha visto también que las dietas bajas en triptófano (aminoácido esencial necesario para la síntesis de melatonina, serotonina…etc), empeoran los síntomas TEA.
  7. GABA: pérdida de su función inhibitoria.

La  melatonina, el triptófano y los suplementos férricos deben ser siempre la primera opción, reservando los fármacos (clonidina, trazodona, benzodiacepinas, antihistamínicos, gabapentina, neurolépticos…etc) para casos refractarios e invalidantes.

Aunque quedan muchas dudas por resolver en torno a los trastornos del sueño y su influencia en la evolución de los trastornos del neurodesarrollo, debemos concluir esta reseña señalando la importancia del sueño para el desarrollo cognitivo conductual de estos pacientes y los posibles beneficios clínicos que podríamos obtener realizando una intervención no invasiva del sueño.