La música, después del lenguaje, es probablemente uno de los sistemas de interrelación más desarrollados del ser humano. A diferencia del lenguaje, más imbricado con los procesos racionales, la música está asociada especialmente con los emocionales. Esto se debe en gran medida a que los circuitos cerebrales que sustentan la sensación, percepción, procesamiento, memoria e ideación musical, están asentados fundamentalmente en el lóbulo temporal y estructuras meso-límbicas sobre todo del hemisferio cerebral derecho.

La epilepsia, como afección de circuitos neuronales diversos, tiene vinculación tanto positiva como negativa con todas las funciones cerebrales, ya sea de la consciencia, actividades motoras, autonómicas, lingüísticas, sensoriales, mnésicas y como no, con la emoción, existiendo varios puntos de encuentro y enlace entre epilepsia y música. Estos son:

  • Los circuitos implicados en el proceso musical pueden activarse en la generación y propagación de una crisis epiléptica, manifestándose clínicamente con semiología de tipo musical.
  • Determinados estímulos musicales pueden activar circuitos corticales hiperexcitables que están implicados en el procesamiento musical y desencadenar una crisis epiléptica refleja.
  • Es conocido que la música puede ser utilizada en el tratamiento de diversas patologías humanas, sobre todo las relacionadas con el proceso mental y cognitivo, existiendo evidencias del efecto positivo de la música en el control de las crisis en pacientes con epilepsia.

1.- Las manifestaciones musicales como fenómeno ictal pueden parecer síntomas poco comunes en clínica, pero es posible que la mayoría de los profesionales sanitarios no pregunten de forma habitual por estos síntomas y los pacientes no los manifiesten por ser infravalorados en el contexto global de otros síntomas más preocupantes de sus crisis o ser reacios a revelarlos por temor a ser considerados como pacientes psiquiátricos. Suelen manifestarse en forma de alucinaciones musicales, tales como tonos rítmicos, zumbidos o melodía musical y se asocian con semiología emocional diversa (miedo, ira, pánico); aparecen en torno al 15% de las crisis del lóbulo temporal, cifra mayor en la epilepsia del lóbulo temporal lateral tanto autosómica dominante como esporádica.

Otras formas de manifestación musical crítica, tales como el canto, tarareo o silbido requieren de la participación de una red cerebral amplia que incluye áreas premotoras, motoras, sensoriales y de integración; se han descrito casos de canto ictal con localización y lateralización de inicio variadas, tanto del lóbulo frontal como temporal; en el silbido ictal la lateralización es variable, pero suele tener su inicio en el lóbulo temporal.

La aprosodia, que puede afectar los componentes emocionales del lenguaje, incluyendo melodía, tono y actividad gestual, como parte de una crisis epiléptica es un fenómeno raro y se manifiesta sobre todo como cambios cualitativos en el tono y pérdida de la melodía, siendo su inicio en la mayoría de las ocasiones en el lóbulo temporal derecho.

Como síntoma clínico intercrítico, la musicofilia o deseo vehemente de oír música es un fenómeno raro descrito en epilepsia, ictus y demencia frontotemporal, en el que los pacientes suelen experimentar compulsión musical intensa a menudo con respuesta emocional placentera. Es probable que en epilepsia represente un fenómeno de normalización forzada, puesto que los pacientes suelen iniciar la musicofilia después de conseguir el control de las crisis con tratamiento farmacológico o cirugía.

2.- La epilepsia musicogénica se refiere a las crisis de inicio focal inducidas después de la exposición a música. Su prevalencia es de alrededor de 1 cada 10 millones de personas, tratándose de una forma muy rara de epilepsia refleja. Los estímulos musicales habitualmente son auditivos, pero en ocasiones solo tocar un instrumento o pensar en la música puede desencadenar la crisis. La edad de comienzo habitual en los casos descritos es en el adulto joven, con cierto predominio femenino y suele asociarse a crisis espontáneas no reflejas, que habitualmente preceden a las crisis musicogénicas. El tiempo desde el estímulo hasta la crisis varía, desde su aparición casi simultánea al estímulo, hasta un retraso de varios minutos. El tipo de estímulo puede variar, incluso en el mismo paciente: algunos desarrollan la crisis al escuchar una determinada pieza musical, o bien un género musical preciso, o un instrumento e incluso un compositor concreto.

Mediante monitorización con electrodos subdurales y SPECT ictales de crisis musicogénicas, se ha precisado que la actividad ictal se suele iniciar en las estructuras mediales del lóbulo temporal derecho, que se extiende hacia región temporal lateral, ínsula y lóbulos frontales, teniendo las crisis componentes tanto emocionales como cognitivos. Algunos autores sugieren que la música produce una respuesta emocional y ésta dispara la crisis en vez del mero estímulo auditivo, lo que explicaría el largo período de latencia en algunos casos, pero no aquellos en los que la aparición de la crisis es inmediata o bien como consecuencia de un tono o sonido específico.

La etiología descrita ha sido habitualmente desconocida, aunque se ha detectado asociada a displasias corticales, tumores y otros procesos. Un grupo catalán ha encontrado mayor prevalencia de crisis musicogénicas en pacientes con títulos altos de anticuerpos anti-GAD, y en concreto 2 de 22 pacientes (9%) con anticuerpos anti-GAD tuvieron crisis reflejas a la música, frente a la excepcionalidad de otros tipos de epilepsia. El tratamiento más eficaz de la epilepsia musicogénica es eliminar el estímulo específico desencadenante, la toma de fármacos cuando coexiste con crisis no reflejas, habiendo sido empleadas también terapias conductuales y en casos refractarios la cirugía de resección del lóbulo temporal.

3.- La inclusión de la música como tratamiento en trastornos neurológicos tiene sus orígenes en el campo de la cognición al comprobarse que los pacientes con enfermedad de Alzheimer en estadio grave a menudo conservan la memoria musical junto a un deterioro severo de la memoria verbal y la audición de música de algunos pacientes con demencia mejora su estado cognitivo, demostrado con baterías neuropsicológicas. La mejoría se ha demostrado experimentalmente con el denominado “efecto Mozart”: en modelos de rata experimental se ha comprobado un mejor comportamiento en la orientación en pruebas de laberinto y algunos pacientes mejoran significativamente sus habilidades cognitivas, tras ser expuestos a la audición de la sonata para dos pianos en D Mayor, K.448, de Mozart.

En epilepsia, existe alguna evidencia del beneficio antiepiléptico del “efecto Mozart”. En un ensayo controlado y aleatorizado se exploró el efecto de la exposición pasiva a la sonata K.448 de Mozart en la noche durante un año consecutivo, frente a no hacerlo, en 73 adultos y niños con epilepsia refractaria y déficit neurológico; el 80% de los pacientes expuestos a la música de Mozart tuvieron menos crisis y uno de cada cuatro quedó libre de crisis, frente a solo el 36% de los pacientes de reducción de crisis en el grupo control no expuesto a música nocturna; los pacientes con epilepsias generalizadas tuvieron mejor respuesta a la audición musical. En una revisión sistemática de la literatura con metaanálisis de 12 estudios de observación, han comprobado que el “efecto Mozart” reduce las descargas interictales en el EEG en pacientes con epilepsia tras la audición de la sonata K.448, con un mayor efecto en pacientes con un coeficiente intelectual mayor, descargas epileptiformes generalizadas y en epilepsia generalizada idiopática. En otra revisión sistemática reciente de estudios realizados en niños sobre el “efecto Mozart”, se concluye que la audición musical durante semanas o meses puede reducir las descargas epileptiformes en el EEG y las crisis epilépticas en niños, pudiendo ser utilizada la música como método complementario de tratamiento. Al existir algunos factores de confusión y limitaciones en todos los estudios realizados, son necesarios otros más rigurosos que demuestren sin duda el beneficio de la terapia musical en epilepsia.

En conclusión, sí existe una relación muy evidente entre la música y la epilepsia, siendo relativamente frecuente la presencia musical como fenómeno crítico, rara como elemento inductor reflejo de crisis epilépticas y existen evidencias que necesitan ser demostradas categóricamente del efecto terapéutico de la música en epilepsia.

 

Bibliografía recomendada

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