Aunque desde hace años se viene hablando de la conveniencia de implantar la telemedicina, sobre todo para atender a pacientes en localizaciones remotas, en neurología, esta modalidad de atención no se había desarrollado en exceso. La excepción es la enfermedad cerebrovascular aguda, en la que, gracias al teleictus, se puede ofrecer atención y tratamiento temprano por parte de un especialista a pacientes que se encuentran lejos de centros hospitalarios de referencia.
La necesidad de utilizar más la tecnología para mejorar la atención a los pacientes neurológicos y optimizar los recursos de los hospitales se ha plasmado en la creación, dentro de las sociedades científicas más relevantes, de grupos de trabajo dedicados a telemedicina. Por ejemplo, el de la Academia Americana de Neurología, que periódicamente revisa la evidencia disponible y emite recomendaciones (1).
La pandemia provocada por el coronavirus ha hecho que, en cuestión de semanas, las consultas de neurología y también las de epilepsia, en concreto, se hayan tenido que reconvertir a “teleconsultas”. Con la incertidumbre sobre un nuevo brote y las restricciones de distancia social en las salas de espera, una parte importante de nuestro trabajo, de ahora en adelante, tendrá que realizarse de esta forma. A pesar de que puede haber reticencias iniciales por parte de los pacientes y los neurólogos, lo cierto es que la experiencia ha sido globalmente muy positiva.
Recientemente, hemos hecho una encuesta desde la Sociedad Española de Epilepsia y Sociedad Catalana de Neurología para recabar las opiniones de los epileptólogos españoles sobre este tipo de atención durante la pandemia. Respondieron más de 60. La mayoría habían hecho sus consultas por teléfono y solo una minoría utilizó la videoconferencia. En general, se realizaron menos cambios en la medicación de los que se habrían hecho en una visita presencial (probablemente debido, sobre todo, a la situación de los hospitales más que a la modalidad de visita). Un 42% de los que respondieron habían hecho también por teléfono las primeras consultas, mientras que un porcentaje importante (el 38%) las retrasó para establecer en persona ese primer contacto personal con el paciente. Pocos enfermos tuvieron luego que ser recitados, sobre todo porque eran necesarias pruebas complementarias para realizar el diagnóstico o establecer un tratamiento.
Muchos epileptólogos fueron reacios a dar información sensible (por ejemplo, sobre riesgos de epilepsia y embarazo y, en especial, sobre muerte súbita por epilepsia) por teléfono, prefiriendo hacerlo en una visita presencial. Los que explicaron los resultados de una evaluación prequirúrgica tuvieron la sensación de que una parte importante de los pacientes no entendió completamente lo que les habían contado.
La mayoría estuvieron dispuestos a repetir la experiencia con otros pacientes en el futuro, sobre todo con enfermos conocidos con epilepsia bien controlada, pacientes con discapacidad o dificultades de movilidad y pacientes en ensayos clínicos en visitas que no requieran de analíticas u otros procedimientos especiales.
Sería deseable que, en el futuro, pudiéramos utilizar con más frecuencia la videollamada. De esta forma, se puede también realizar una exploración neurológica, al menos parcial. Algunas recomendaciones para contactar con el paciente mediante este sistema son (2):

  • Disponer de un lugar silencioso donde poder hablar con tranquilidad.
  • Utilizar, si es posible, la conexión por cable.
  • Utilizar plataformas autorizadas por el hospital que cuenten con las últimas actualizaciones en seguridad.
  • Cerrar otros programas que puedan estar abiertos en el ordenador.
  • Tener buena iluminación.
  • Comprobar el funcionamiento de la cámara y colocarla a la altura de los ojos aproximadamente.
  • Comprobar el micrófono y el volumen.
  • Vestir adecuadamente.
  • Registrar la historia y, si procede, los datos de la exploración neurológica en la historia clínica electrónica del paciente.

También hay que tener presente que debemos:

  • Presentarnos de la manera adecuada, igual que haríamos en una visita presencial.
  • Asegurarnos de la identidad de la persona con la que estamos hablando.
  • Pedir el consentimiento para realizar la visita de forma remota (no hace falta que el paciente firme ningún papel, basta el consentimiento oral).
  • Involucrar en la visita al familiar o cuidador, si es necesario obtener información relevante que el paciente no puede darnos.
  • Intentar que nuestra comunicación con el paciente sea igual de empática que si se realizara en una consulta presencial.
    Por último, sería importante comprobar que nuestro sistema de responsabilidad civil profesional cubre también los problemas que se puedan presentar durante nuestro ejercicio a través de la telemedicina3.

Bibliografía

1. Hatcher-Martin JM, Adams JL, Anderson ER, Bove R, Burrus TM, Chehrenama M, et al. Telemedicine in neurology: Telemedicine Work Group of the American Academy of Neurology update. Neurology. 2020;94:30‐8.
2. Reider-Demer MM, Eliashiv D. Expanding the use of telemedicine in neurology: a pilot study.  J Mob Technol Med. 2018;7:46-50.
3. American Academy of Neurology. Telemedicine and COVID-19 Implementation Guide. [Internet]. AAN; 2020. [Consultado 8 Junio 2020]. Disponible en: https://www.aan.com/siteassets/home-page/tools-and-resources/practicing-neurologist–administrators/telemedicine-and-remote-care/20-telemedicine-and-covid19-v103.pdf