El uso de pantallas táctiles que ha facilitado el acceso a niños cada vez más pequeños al uso de nuevas tecnologías. A diferencia de los tradicionales, los nuevos medios digitales han incorporado a la vista y oído un tercer sentido: el tacto. Gracias a esto, se ha roto el sistema de nomenclatura de las anteriores generaciones (X, Y, Z..) para volver a utilizar la T, anteriormente utilizada para aquellos nacidos antes de 1946, y no precisamente por compartir sus principales características (tradicionalistas, austeros, religiosos, con respeto a la autoridad,etc.).

La generación T (Táctil) es aquella que comprende a todos los niños nacidos desde 2010 hasta la actualidad. Es una generación completamente tecnológica que utiliza las pantallas, no solo como una forma de entrenamiento, sino también como una forma primaria de comunicación, aprendizaje, acceso y recopilación de información, autoexpresión y apoyo social.

Actualmente supone el 15% de la población y sus principales características con: la inmediatez, velocidad e hiperconectividad.

Como parte de nuestro desarrollo tecnológico, la exposición a los medios digitales en la vida familiar está aumentando, al mismo ritmo que las preocupaciones sobre cómo el tiempo frente a pantallas afecta al desarrollo de los niños y sus familias.

El uso de dispositivos móviles con pantalla táctil supone ya más del 35% del uso total de pantallas en niños menores a los 8 años, siendo su utilización cada vez más precoz. El 90% de los niños utilizan alguno de estos dispositivos móviles a los 2 años.

Existe una gran discrepancia entre las autoridades educativas que alientan el uso de la tecnología digital, y las autoridades de salud que expresan su preocupación por los posibles efectos negativos en el bienestar físico, cognitivo, emocional y social.

Consideramos prioritaria la necesidad de difundir una información clara y equilibrada respecto a las prácticas apropiadas sobre el uso de la tecnología digital para familias, médicos, educadores y otros profesionales.

El objetivo debe ser que los niños pequeños puedan obtener los beneficios que tiene el uso de la tecnología digital, mientras minimizan sus potenciales de daño.

Desde el punto de vista educativo, se promueve el uso de dispositivos tecnológicos con el objetivo de que los niños puedan acceder cualquier información de manera inmediata, investigar ideas y/o representar su pensamiento. Consideran que mejora el aprendizaje sobre todo en Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas, potencia sus habilidades digitales, las competencias en interacción social y su desarrollo laboral futuro.

Sin embargo, el aprendizaje temprano es más fácil, más enriquecedor y más eficiente cuando se experimenta en vivo, de manera interactiva en tiempo y espacio reales, y con personas reales.

Las habilidades de pensamiento de orden superior y las funciones ejecutivas esenciales para el éxito escolar: persistencia de la tarea, control de los impulsos, regulación de emociones y el pensamiento creativo y flexible, se enseñan mejor a través del juego no estructurado y social (no digital), así como una interacción directa entre padres e hijos.

Por ello, en el ámbito sanitario tenemos ciertas preocupaciones que nos llevan a recomendar un menor uso de tecnología digital por parte de los niños pequeños:

  • Preocupaciones cognitivas: el uso de nuevas tecnologías limita el tiempo para oportunidades de aprendizaje, genera períodos de atención más cortos y menos contextos para interacciones verbales, resolución de problemas y creatividad.
  • Preocupaciones emocionales: incluyen principalmente un mayor riesgo adicción, depresión y acceso a contenido inapropiado y publicidad.
  • Preocupaciones sociales: incluyen aislamiento, discurso cara a cara restringido, acoso cibernético y mayor riesgo de contacto con pedófilos depredadores.
  • Preocupaciones físicas o médicas: el uso de nuevas tecnologías se ha relacionado con una disminución de la actividad física (mayor riesgo de obesidad) y con alteraciones del sueño.

Aunque el desarrollo tecnológico es imparable, los primeros contactos con pantallas pueden ser determinantes, por ello, debemos alertar de los riesgos que tienen en menores de 5 años (sobre todo en lactantes):

  • Pueden crear hábito: la sobreexposición temprana aumenta la probabilidad de uso excesivo en la edad adulta.
  • Las rutinas de salud, incluido el uso de los medios tecnológicos, se establecen más fácilmente en la primera infancia.
  • El uso de pantallas, tiende a aumentar con el tiempo para incluir más entretenimiento.

Cómo marcar la diferencia:

Los médicos debemos promover la salud y el desarrollo infantil en un mundo digital aconsejando a los padres y cuidadores sobre el uso apropiado del tiempo frente a la pantallas.

Debemos insistir en minimizar el tiempo de pantallas sobre todo en menores de 2 años, recomendar un “horario clave sin pantallas”, especialmente durante las comidas y al menos 1 hora antes de acostarse (efectos supresores de la liberación de melatonina) y fomentar actividades neuroestimulantes como la lectura de libros a los niños, el juego no estructurado…etc.

En el caso de que se usen, debemos minimizar los riesgos. Estar presente y participar durante su uso siempre que sea posible. Conocer el contenido y priorizar la visión de programación educativa, apropiada para la edad e interactiva. Establecer unos límites claros respecto a las condiciones de uso y por supuesto dar ejemplo.